Las presiones por indicaciones geográficas y el uso de términos comunes como parmesano, gouda o feta generan fricciones en la agenda agroalimentaria bilateral.
La controversia en torno a la protección de indicaciones geográficas y el uso de nombres comunes para quesos se ha consolidado como un punto crítico en el diálogo comercial entre México y Estados Unidos. Las organizaciones del sector lácteo estadounidense y representantes comerciales han intensificado sus gestiones para evitar que México restrinja el uso de denominaciones tradicionales en el marco de sus acuerdos comerciales con la Unión Europea, advirtiendo que limitar términos ampliamente comercializados afectaría el flujo de derivados lácteos hacia el mercado mexicano.
Para la industria de Estados Unidos, encabezada por organismos como el Consejo de Exportación de Lácteos (USDEC) y la Federación Nacional de Productores de Leche (NMPF), México representa el principal destino internacional de sus exportaciones de queso. El sector estadounidense sostiene que términos como parmesano, gouda, feta, provolone o asiago han adquirido un carácter genérico a nivel global, por lo que reservarlos de forma exclusiva para productores europeos constituiría una barrera técnica al comercio que distorsionaría las cadenas de suministro ya establecidas en Norteamérica.
En el plano nacional, las autoridades y procesadores lácteos mexicanos enfrentan el desafío de balancear sus compromisos multilaterales sin vulnerar los equilibrios comerciales vigentes bajo el T-MEC. Diversos sectores de la industria transformadora local han manifestado su preocupación ante posibles restricciones nominales, señalando que la reclasificación forzosa de variedades demandaría costosas modificaciones en empaques, estrategias de mercadotecnia y procesos normativos, además de generar confusión en los hábitos de compra de los consumidores.
El diferendo técnico y legal radica en delimitar la frontera entre las auténticas denominaciones de origen —destinadas a proteger productos con un vínculo geográfico y artesanal específico e irrepetible— y las tipologías de queso cuyos métodos de elaboración se han estandarizado internacionalmente. Analistas del sector agroindustrial coinciden en que los esquemas de propiedad intelectual no deben ser utilizados como mecanismos proteccionistas que monopolicen categorías generales de alimentos ni restrinjan la libre competencia en los canales minoristas y de autoservicio.
La resolución del debate sobre las denominaciones queseras se perfila como un capítulo decisivo en la diplomacia agroalimentaria de la región. De cara a los procesos de seguimiento y revisión del marco comercial de América del Norte, los negociadores de ambos países buscan fórmulas que otorguen certidumbre jurídica a las inversiones, preserven la integración del abasto lácteo transfronterizo y garanticen una oferta diversa y accesible de productos para el mercado nacional.
Fuente: El Buen Tono
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