La oferta agroturística de la entidad diversifica su vocación pecuaria mediante la elaboración de quesos madurados tipo Gouda y confitería artesanal, agregando valor a la leche de la región.
Un pintoresco enclave rural en el estado de Morelos se consolida como un destino de referencia para el turismo gastronómico gracias a una singular propuesta productiva: la elaboración artesanal de quesos madurados de inspiración holandesa complementada con la manufactura tradicional de chocolate. La iniciativa, destacada en recorridos de agroturismo y escapadas de fin de semana, rescata la vocación agropecuaria de la campiña morelense y la transforma en una experiencia culinaria diferenciada que atrae a visitantes de la zona metropolitana del valle de México y Cuernavaca interesados en el origen de los alimentos y los procesos de granja a la mesa.
En el ámbito zootécnico y de transformación láctea, el proyecto rompe con la hegemonía de los quesos frescos convencionales (como panela, canasto o quesillo) que predominan en el centro del país. Inspirados en los métodos de las provincias de los Países Bajos para la elaboración de variedades tipo Gouda y Edam, los maestros queseros locales emplean leche entera de vaca procedente de hatos de libre pastoreo de la zona. El proceso incorpora cultivos lácticos específicos, lavado y corte cuidadoso de la cuajada para reducir la acidez residual, prensado mecánico y un período controlado de salmuera y maduración en cava sobre tablas de madera, lo que permite desarrollar cortezas naturales o parafinadas, texturas elásticas y notas aromáticas mantecosas y ligeramente dulces.
A la par de la actividad quesera, la elaboración artesanal de chocolate añade un segundo pilar identitario a la demarcación. A partir de granos de cacao seleccionados sometidos a tueste cuidadoso, descascarillado manual y molienda tradicional en molinos de piedra, los talleres locales desarrollan tablillas de chocolate de mesa aromatizadas con canela, vainilla y piloncillo, así como barras de alta pureza. Esta integración agroindustrial permite generar talleres vivenciales donde los visitantes aprenden tanto el proceso de cuajado y afinado de quesos como la alquimia de la chocolatería rústica, fomentando maridajes que contrastan la riqueza grasa y salina del lácteo con la astringencia y notas terrosas del cacao.
Desde la perspectiva del desarrollo rural y la economía de pequeña escala, este modelo de negocio representa una alternativa eficaz para combatir el intermediarismo comercial (coyotaje) que históricamente castiga al ganadero lechero en Morelos. Al transformar la leche fluida en un producto gourmet de larga vida de anaquel y venderlo de manera directa en salas de degustación, ferias gastronómicas y tiendas de especialidad, los productores capturan un margen de ganancia significativamente superior al del mercado de volumen, dinamizando la economía de la comunidad mediante la contratación de mano de obra local en ordeño, manufactura quesera y servicios turísticos.
La experiencia morelense subraya el potencial que guardan la diferenciación y la especialización productiva para garantizar la sostenibilidad de las cuencas lecheras medianas y pequeñas de México frente a los embates de los costos forrajeros y la sequía. Apostar por quesos de alta gama con inspiración europea y raíces territoriales demuestra que la agregación de valor, combinada con el turismo vivencial y el orgullo artesanal, constituye una vía sustentable para dignificar la labor del campo, diversificar ingresos familiares y preservar la tradición ganadera de la entidad.
Fuente: Radio Fórmula / Guacamole
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