La empresa californiana Gilly busca elevar el valor proteico de los residuos agrícolas y proyecta reducciones de hasta 10% en los costos de la ración.
La startup biotecnológica Gilly, con sede en California, inició pruebas de campo para transformar subproductos agroindustriales en ingredientes de alto valor nutricional destinados al ganado lechero. La empresa realizó un primer ensayo comercial en enero de 2026 con un grupo de 130 vacas en Trinkler Dairy (Modesto, California), utilizando orujo de tomate derivado de la industria conservera. Durante dos semanas, la prueba evaluó la palatabilidad de la ración, confirmando una aceptación continua del insumo por parte de los animales.
El proceso biotecnológico se fundamenta en la fermentación en estado sólido empleando cepas de hongos no modificadas genéticamente, seleccionadas por su rápido crecimiento y resistencia a variaciones de temperatura y acidez. Los microorganismos crecen sobre la materia orgánica con baja disponibilidad de agua, generando biomasa rica en nutrientes. Según los fundadores de la firma, este procedimiento de tres días permite incrementar la concentración de proteína cruda en los residuos desde un 15% hasta un 23%, reduciendo paralelamente factores antinutricionales como taninos, lectinas y fitatos.
En el plano económico, la nutrición representa uno de los mayores costos operativos en los establos. Gilly calcula que la inclusión del ingrediente fermentado podría generar ahorros de entre 5% y 10% en la ración diaria, equivalentes a 50 centavos de dólar por vaca al día. Para escalar el modelo, la startup proyecta la instalación de módulos de procesamiento descentralizados cerca de las cuencas lecheras o plantas procesadoras, con capacidad para transformar 20,000 toneladas anuales de materia prima reduciendo costos logísticos.
A pesar de los resultados iniciales de aceptación, el desempeño técnico del producto aún requiere validación científica e independiente. La prueba de corta duración no midió variables críticas como el volumen o composición de la leche, la digestibilidad ruminal, la eficiencia alimenticia o el impacto en la condición corporal a lo largo de una lactancia completa. Asimismo, la comercialización a gran escala exigirá estrictos controles microbiológicos y químicos para descartar contaminación por micotoxinas y garantizar la trazabilidad del proceso.
La propuesta técnica abre oportunidades para la revalorización de diversos subproductos de la cadena agroalimentaria, contemplando futuras pruebas con cáscara de soya, cascarilla de almendra y granos secos de destilería con solubles (DDGS). De consolidarse la viabilidad sanitaria y económica de la fermentación sólida, la industria láctea dispondrá de un ingrediente alternativo para mitigar la volatilidad en los precios de las fuentes proteicas convencionales.
Fuente: Rural TV
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