La desaparición de 450 establos en seis años acelera el llamado a rescatar a los pequeños lecheros en Delicias ante recortes de compra y sequía.
El sector pecuario de la cuenca centro-sur de Chihuahua enfrenta una crisis estructural sin precedentes tras registrarse una reducción del 37.5% en su padrón de productores durante el último sexenio, pasando de 1,200 a escasos 750 ganaderos activos en la región. Las asociaciones ganaderas locales emitieron una alerta urgente para rescatar a los pequeños lecheros en Delicias ante el peligro inminente de quiebra generalizada que amenaza con disolver las unidades productivas sobrevivientes. Esta contracción histórica de 450 establos familiares se ha profundizado en semanas recientes debido a la combinación de adeudos millonarios en las liquidaciones federales y un intempestivo recorte del 40% en las cuotas de acopio por parte de las dependencias públicas. La interrupción en los calendarios habituales de pago semanal ha quebrado el capital de trabajo indispensable para sostener las faenas diarias en los corrales. Frente a este escenario financiero adverso, los productores advierten que la falta de liquidez inmediata obligará al cierre definitivo de decenas de ranchos durante el último trimestre del año.
La actividad lechera en municipios como Delicias, Meoqui, Saucillo y Rosales opera bajo esquemas semiintensivos y altamente tecnificados que dependen de tanques de refrigeración rápida para conservar la leche cruda a cuatro grados centígrados. En las pequeñas explotaciones que albergan entre diez y cuarenta vientres en ordeña continua, la capacidad física de almacenamiento a pie de corral está dimensionada para resguardar únicamente entre 48 y 72 horas de producción. Al imponerse reducciones unilaterales en los volúmenes admitidos por los centros receptores y registrarse fallas en la recolección logística, los depósitos de frío alcanzan niveles críticos de saturación en menos de dos jornadas de trabajo. Dado que las rutinas de ordeño mecanizado no admiten pausas sin detonar mastitis o el secado prematuro de las vacas, los establos deben seguir absorbiendo gastos ineludibles de electricidad, combustibles y mano de obra sin obtener ingresos compensatorios. Esta saturación física expone a los ganaderos a desechar miles de litros de alimento fresco o afrontar la merma bacteriológica del producto almacenado.
El desplazamiento forzado de pequeños productores fuera del canal institucional distorsiona profundamente la dinámica comercial en los valles del centro-sur del estado. Al quedar excluidos parcial o totalmente del precio de garantía de 11.50 pesos por litro, los ganaderos se ven empujados a comercializar sus excedentes con intermediarios y queserías rústicas a cotizaciones de castigo que oscilan entre 7.00 y 8.50 pesos por litro. Esta sobreoferta forzada en canales secundarios erosiona los precios de referencia en la cuenca, situándolos muy por debajo del costo real de equilibrio que demanda la actividad. En paralelo, la proliferación comercial de fórmulas modificadas y productos sucedáneos elaborados a partir de sueros industriales y grasas vegetales compite deslealmente en los mercados urbanos, restando espacio a los lácteos genuinos de vaca. La asimetría en el poder de negociación deja a las unidades familiares a merced de la especulación de compradores informales que aprovechan la urgencia de liquidez en el campo.
La estructura de costos en el semidesierto chihuahuense enfrenta presiones severas derivadas de un prolongado periodo de estrés hídrico que agotó las reservas de agostaderos y limitó el cultivo de forrajes bajo riego. La alimentación del ganado absorbe actualmente entre el 68% y el 72% del presupuesto operativo total por litro extraído en corral, impulsada por cotizaciones elevadas en alfalfa henificada, ensilados de maíz y concentrados proteicos balanceados. La pérdida de ingresos corrientes provocada por los rezagos de pago gubernamentales agotó las líneas de financiamiento comercial que los establos mantenían abiertas con proveedores locales de insumos agrícolas y fármacos veterinarios. Al carecer de instrumentos de crédito blando o fondos de estabilización en la banca de fomento rural, los productores han recurrido a la despoblación selectiva de sus hatos. Esta venta forzada de vientres de alto registro genético en subastas de carne para solventar deudas de corto plazo reproduce escenarios de descapitalización comparables a las peores sequías de la década de 1990.
La permanencia de los 750 hatos lecheros restantes dependerá de que las autoridades agropecuarias restablezcan de inmediato la recepción total de los volúmenes cosechados y sincronicen las transferencias electrónicas semanales sin trabas burocráticas. Los representantes pecuarios exigen la apertura de mesas técnicas interinstitucionales para canalizar apoyos extraordinarios en granos forrajeros y frenar las penalizaciones en rampa de recibo. En caso de no obtener respuestas efectivas en el corto plazo, el gremio contempla la realización de movilizaciones en carreteras federales, bloqueos en cruces ferroviarios estratégicos y el derramamiento pacífico de producto en plazas públicas. La desarticulación de esta cuenca lechera representaría un retroceso irreversible para el empleo rural, la derrama económica comunitaria y las metas de autosuficiencia agroalimentaria en México. El rescate del gremio lechero chihuahuense exige un compromiso gubernamental firme que garantice certidumbre contractual y devuelva la rentabilidad económica a las familias campesinas del norte del país.
Fuente: El Diario de Delicias
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