Reportan la muerte de un trabajador en Washington por gripe aviar en granjas lecheras, elevando las alertas de bioseguridad en establos.
Las autoridades sanitarias del estado de Washington y el Distrito de Salud de Yakima confirmaron el fallecimiento de un residente local a causa de complicaciones derivadas del virus de influenza aviar de alta patogenicidad (IAAP) subtipo H5, tras haber estado directamente expuesto a un establo lechero comercial infectado. El paciente, quien presentaba padecimientos médicos subyacentes que incrementaron su vulnerabilidad inmunológica, representa la tercera víctima mortal por este patógeno registrada en los Estados Unidos desde el salto interespecie del virus hacia el ganado bovino en 2024, y el primer deceso formalmente asociado al contacto ocupacional dentro de una explotación lechera. Paralelamente, los epidemiólogos notificaron una tercera infección humana en el mismo condado agrícola, vinculada igualmente a hatos enfermos, si bien las autoridades de salud pública reiteraron que el riesgo de contagio para la población abierta continúa siendo bajo al no evidenciarse transmisión sostenida de persona a persona.
En el eslabón zootécnico y operativo de las unidades de producción de leche, la propagación de la cepa viral ha desencadenado una severa contingencia sanitaria. Los registros oficiales del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) contabilizan más de 40 detecciones en rebaños lecheros dentro de Washington —con 33 focos activos concentrados en el condado de Yakima— y más de 134 brotes acumulados a escala nacional en entidades como Texas, Idaho, Utah y Kansas. A nivel de corral, las vacas lecheras infectadas manifiestan una brusca caída en el consumo voluntario de materia seca, deshidratación, letargo y una marcada disminución en la curva de lactancia, acompañada de alteraciones bromatológicas que espesan la secreción mamaria asemejándola a calostro. Para contener la diseminación transversal del virus a través de las pezoneras, los establos tecnificados han reforzado protocolos de bioseguridad que incluyen desinfección rigurosa de equipo con soluciones de amonio cuaternario, sellado antiséptico de pezones, uso obligatorio de equipo de protección personal (mascarillas N95, gafas herméticas y guantes de nitrilo) para los ordeñadores, y el enfriamiento inmediato del producto crudo en tanques termos de acero inoxidable a cuatro grados centígrados para estabilizar la acidez titulable antes de cualquier traslado.
Desde la perspectiva de la inocuidad industrial y el mercado comercial agroalimentario, los organismos reguladores como la FDA y el USDA han ratificado que el suministro formal de leche pasteurizada es plenamente seguro para el consumidor. Diversos ensayos térmicos de laboratorio han confirmado que el virus H5 queda completamente inactivado mediante los parámetros estándar de pasteurización continua de alta temperatura y corto tiempo (HTST) a más de 72 grados centígrados durante al menos quince segundos, así como por los tratamientos de ultrapasteurización (UHT) a 138 grados centígrados durante cuatro segundos acoplados a envasado aséptico. No obstante, en los canales de venta minorista en México y Norteamérica, la emergencia zoosanitaria renueva los riesgos asociados al comercio de leche cruda bronca sin procesar y derivados no pasteurizados. Esta coyuntura enfatiza además la necesidad de vigilar la competencia desleal de productos sucedáneos e imitaciones que utilizan sueros deshidratados y grasas vegetales de palma, exigiendo campañas informativas que ratifiquen la pureza y seguridad microbiológica de la leche fluida 100% de vaca que ha cumplido con los estándares industriales de pasteurización.
La presión económica derivada de los brotes epidémicos impacta con fuerza la estructura financiera de los establos ganaderos. En las explotaciones lecheras intensivas, el rubro de alimentación del ganado vacuno —basado en ensilados de maíz, heno de alfalfa y concentrados proteicos energéticos— absorbe más del 70% del costo operativo corriente por litro cosechado a pie de corral. Cuando un establo es puesto bajo cuarentena por sospecha o confirmación de influenza aviar, los ganaderos enfrentan pérdidas dobles: la merma en el volumen de ordeño diario por mastitis secundaria y el descarte preventivo de leche cruda infectada, aunado al incremento en gastos veterinarios para tratamientos de soporte y desinfección de instalaciones. Sin esquemas de compensación económica gubernamental oportunos, la compresión de liquidez amenaza con forzar el despoblamiento anticipado de hatos especializados y agravar el endeudamiento bancario de los productores familiares.
La confirmación de este desenlace fatal en Washington plantea un llamado urgente a las autoridades mexicanas de Senasica, los comités de fomento y protección pecuaria y la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) para blindar la frontera norte frente al ingreso de ganado en pie o material biológico proveniente de condados afectados. Resulta imperativo intensificar los muestreos serológicos y moleculares (RT-PCR) en tanques de leche cruda en cuencas lecheras estratégicas de México, además de capacitar a los médicos veterinarios zootecnistas y trabajadores de establo en la identificación temprana de signología respiratoria o mamaria anómala. Asimismo, transparentar los resultados diagnósticos y fomentar una cultura de bioseguridad en las salas de ordeña evitará afectaciones al comercio exterior pecuario. La evolución de la gripe aviar en granjas lecheras confirma que la vigilancia epidemiológica permanente, la protección laboral en corrales y el cumplimiento estricto de la pasteurización son condiciones indispensables para salvaguardar la salud pública y la estabilidad del sector lácteo en México.
Fuente: DiarioBitcoin
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