ESPMEXENGBRAIND

25 Feb 2026
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25 Feb 2026
La demanda se acelera con el LPG-1 y el capital financia la proteína láctea sin vacas. El sector entra en una nueva fase estratégica.
BLG sin queso El capital apuesta por la disociación
No es escasez. Es aceleración. Y la inversión ya está preparando la próxima arquitectura para el complejo lácteo ⚡

La proteína se acelera y comienza a desprenderse de la vaca. El debate sobre una posible escasez de proteína láctea no comenzó en 2026.

La lógica basada en proteínas se viene consolidando desde inicios de los años 2000, cuando el suero dejó de ser un subproducto marginal y pasó a ser el verdadero generador de valor dentro del complejo lácteo.

Lo que está cambiando ahora no es el paradigma. Es la velocidad.

Aceleración: del fitness al metabolismo clínico

El mercado mundial de proteínas alcanzó los 31.800 millones de dólares en 2025. La proteína ha dejado de ser un atributo de nicho en el deporte y se ha convertido en una expectativa transversal en alimentos y bebidas.

A esta tendencia estructural se suma un nuevo vector: la expansión de los tratamientos con GLP-1. En Estados Unidos, 1 de cada 8 adultos usará un medicamento con GLP-1 para 2025.

Independientemente del debate médico, el impacto nutricional es concreto: la pérdida de peso asociada a estos tratamientos incluye una reducción de la masa muscular, aumentando la demanda de proteínas de alta calidad y altamente digestibles.

Aquí es donde se produce la aceleración. No se trata del nacimiento de un mercado, sino de la expansión.

Restricciones estructurales: ¿puede la oferta satisfacer las necesidades?

Verley, que anunció que ha recaudado 38 millones de dólares en financiación de Serie A para producir beta-lactoglobulina mediante fermentación de precisión, afirma en su comunicado de prensa que la producción convencional de proteína de suero enfrenta limitaciones estructurales para mantenerse al día con la creciente demanda y reducir la presión ambiental.

Este punto es crucial. El sistema tradicional se basa en una secuencia técnica específica:

Leche → queso → suero → concentración → WPC/WPI

La proteína es inseparable del queso. Para producir más suero, es necesario producir más queso. Esto implica:

✅Más leche.

 Más vacas.

 Aumento de la capacidad industrial.

 Aumento de la presión ambiental.

 Mayor exposición a la volatilidad agrícola.

El modelo funciona. Pero no es infinitamente flexible.

El movimiento de capitales: cobertura de riesgos y disociación

En este contexto, la empresa francesa Verley anunció que ha recaudado 38 millones de dólares en una financiación de Serie A para producir beta-lactoglobulina (BLG) a través de fermentación de precisión.

Esta no es proteína vegetal. No es un sustituto vegetal. Es proteína láctea producida sin vacas.

El argumento de la compañía no es eliminar la leche, sino ofrecer ingredientes funcionales de alto rendimiento y escalables que utilicen menos recursos naturales.

El dato más relevante no es el valor de la ronda, sino la señal estratégica:

El capital financia la posibilidad de producir proteína láctea sin depender del sistema de producción de queso y suero. Esto se conoce como desacoplamiento.

¿Complemento o competencia?

La fermentación de precisión no necesariamente elimina la industria láctea. Puede complementar segmentos de mayor valor añadido, como:

 Shots de proteína

 Bebidas listas para beber (RTD) con alto contenido proteico

 Aplicaciones clínicas

 Fórmulas funcionales

Sin embargo, introduce una nueva variable: la molécula ya no está necesariamente ligada al ordeño.

Si se puede producir BLG sin queso, la lógica histórica del coproducto cambia. El queso deja de ser un requisito técnico para generar proteína funcional. Esto modifica la arquitectura económica del sector lácteo.

Aceleración sin colapso

La industria láctea ha demostrado su capacidad de adaptación durante décadas. Los ciclos de inversión, expansión y ajuste forman parte de la dinámica del sector. Pero ignorar las señales también es imprudente.

La aceleración de la demanda impulsada por la salud metabólica, la nutrición funcional y el crecimiento poblacional se combina con la percepción de limitaciones estructurales. Y cuando el capital percibe limitaciones, financia alternativas.

No nos encontramos ante el fin de la vaca. Nos encontramos ante el comienzo de un escenario en el que la proteína láctea podrá producirse mediante más de una vía tecnológica.

El nuevo mapa de valores

Durante décadas, el valor del complejo lácteo se basó en la grasa y el queso. En los últimos veinte años, se ha desplazado hacia la fracción proteica. Ahora comienza a emerger una tercera fase:

La proteína como molécula potencialmente independiente de su origen agrícola.

Si tecnologías como la fermentación de precisión avanzan en escala y costo, la discusión dejará de ser exclusivamente sobre producción (cuántas vacas, cuánta leche, cuántas plantas) y se volverá estratégica.

¿Quién controla la proteína? Quien domine la propiedad intelectual, los biorreactores, las patentes y las capacidades de funcionalización puede llegar a ocupar una posición central en la cadena de valor, históricamente anclada en la producción primaria.

El problema no es una escasez de proteínas a corto plazo. El problema es el cambio en el centro de gravedad de la proteína láctea.

De la granja al laboratorio. Del volumen a la tecnología. De la materia prima a la molécula.

Esto no elimina a la vaca, pero redefine su posición relativa dentro del sistema.

La aceleración ya está en marcha. Se está empezando a financiar el desacoplamiento.

Y, como ocurre con cualquier transformación estructural, quien primero entienda el cambio en el eje de poder tendrá una ventaja competitiva en los próximos años.

Valeria Hamann

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