El calor durante el periodo seco afecta la productividad futura y la salud del ganado lechero.
El estrés calórico en vacas lecheras durante el periodo seco y las últimas etapas de la gestación tiene efectos más profundos de lo que tradicionalmente se considera. Estudios recientes muestran que la exposición a altas temperaturas en esta fase crítica puede comprometer la producción de leche en la siguiente lactancia, afectando directamente la rentabilidad de los sistemas lecheros.
Uno de los principales impactos del calor es la reducción en el consumo de alimento, lo que deriva en un balance energético negativo. Esto no solo afecta la condición corporal de la vaca, sino que también limita el desarrollo adecuado del feto y la capacidad productiva del animal tras el parto.
Además, el estrés térmico altera procesos fisiológicos clave, como la función inmunológica y la regulación hormonal. Como consecuencia, aumenta la susceptibilidad a enfermedades metabólicas y reproductivas, lo que puede generar mayores costos sanitarios y pérdidas productivas para los establecimientos lecheros.
El efecto también se extiende a las crías. Las investigaciones indican que terneros nacidos de vacas expuestas a estrés calórico presentan menor peso al nacer, menor crecimiento y potencial productivo reducido a lo largo de su vida. Esto evidencia un impacto intergeneracional que compromete la eficiencia del rodeo en el largo plazo.
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan implementar estrategias de mitigación como sistemas de enfriamiento, sombra adecuada y manejo nutricional específico durante el periodo seco. Para la industria láctea, anticiparse a estos efectos será clave para sostener la productividad en un contexto de temperaturas cada vez más extremas.
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