Un estudio publicado en The Lancet proyectó que sustituir leche, queso y yogur por versiones vegetales merma la ingesta de minerales y vitaminas clave.
Un modelo de simulación dietaria desarrollado en el Reino Unido y publicado en la revista científica The Lancet Planetary Health determinó que la sustitución parcial o total de la leche fluida de vaca, el queso y el yogur por bebidas y sucedáneos vegetales provoca una reducción sustancial en la ingesta diaria de micronutrientes críticos como yodo, calcio, riboflavina (vitamina B2) y vitamina B12, cuando dichos análogos carecen de formulaciones adecuadamente fortificadas. La investigación analizó los hábitos de consumo de más de 3,500 personas y cruzó la información con el perfil bromatológico de 289 productos comerciales disponibles en los anaqueles británicos (146 bebidas vegetales, 76 alternativas a yogur y 67 análogos de queso). Los resultados proyectaron que reemplazar entre un 20% y un 35% de los lácteos tradicionales eleva la proporción de adolescentes con ingesta insuficiente de yodo del 54% al 65%, mientras que en mujeres de 19 a 49 años el déficit potencial escalaría del 32% al 42%, encendiendo las alertas médicas sobre la salud tiroidea, ósea y metabólica.
En el plano zootécnico y nutricional, la leche genuina de vaca se caracteriza por su compleja matriz láctea coloidal, donde las micelas de caseína albergan fosfato de calcio coloidal en una estructura supramolecular que maximiza la biodisponibilidad y absorción del mineral en el tracto digestivo. Para garantizar esta densidad bromatológica en corral, los establos lecheros tecnificados aplican rigurosos manejos de sanidad mamaria en las salas de ordeño, donde las prácticas sistemáticas de despunte y presellado antiséptico de pezones previenen cuadros de mastitis ambiental. Inmediatamente cosechada, la leche cruda se deposita en tanques termos de acero inoxidable para su enfriamiento rápido continuo a cuatro grados centígrados, parámetro indispensable para estabilizar la acidez titulable y frenar la multiplicación microbiana antes de su transporte en pipas térmicas. Posteriormente, las plantas industriales someten el fluido a pasteurización estandarizada continua a más de 72 grados centígrados o ultrapasteurización (UHT) a 138 grados centígrados durante cuatro segundos, tratamientos térmicos que preservan la integridad de las proteínas de alto valor biológico y los glóbulos de grasa butírica, cualidades ausentes de forma natural en extractos acuosos de soya, almendra, avena o coco.
Desde la perspectiva del mercado agroalimentario y la comercialización en México, la investigación científica aporta evidencia técnica frente a la creciente proliferación de bebidas vegetales y sucedáneos que compiten en el canal moderno y tradicional. En los supermercados y tiendas de conveniencia del país coexisten la leche 100% de vaca y los derivados lácteos genuinos con una amplia gama de productos que se comercializan bajo el término informal de «leches vegetales» o productos lácteos combinados formulados con grasas vegetales de palma, almidones modificados y sueros deshidratados importados. El estudio de The Lancet reveló que, aun en mercados regulados, solo el 61% de las alternativas vegetales incorpora calcio añadido, apenas el 46% incluye vitamina B12 y un escaso 19% contiene riboflavina, dejando el contenido de yodo prácticamente desatendido. En el contexto mexicano, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) y las normas oficiales (NOM-155-SCFI-2012 y NOM-183-SCFI-2012) han insistido en diferenciar las denominaciones para evitar engaños, advirtiendo que omitir lácteos genuinos sin una supervisión clínica rigurosa puede perjudicar el desarrollo cognitivo y óseo en la infancia y juventud.
La defensa del consumo de leche auténtica también resulta determinante para salvaguardar la viabilidad financiera de las unidades de producción primaria en México. En los establos comerciales y explotaciones familiares lecheras, el rubro de alimentación del ganado vacuno —basado en ensilados de maíz, heno de alfalfa y concentrados proteicos comerciales— absorbe más del 70% del gasto operativo corriente por litro cosechado en corral. Las narrativas publicitarias que promueven la deslactización indiscriminada o el abandono de los lácteos bajo alegatos de sostenibilidad comprimen la demanda interna de leche fluida nacional, presionando a la baja las liquidaciones pagadas a pie de rancho por la industria transformadora. Cuando el consumidor comprende que la densidad de micronutrientes y el valor biológico de la leche de vaca no son fácilmente reproducibles por bebidas vegetales reconstituidas con agua, gomas y azúcares añadidos, se fortalece el valor intrínseco de la producción en establo y se justifica un precio remunerador para los hatos lecheros nacionales.
El rigor de los modelos epidemiológicos demostró que la única vía teórica para mitigar la merma de micronutrientes en dietas que desplazan a los lácteos radica en imponer la fortificación obligatoria con yodo, calcio y vitaminas en los análogos vegetales, una medida que hoy no es exigida de forma homogénea en la legislación alimentaria mexicana ni internacional. Para las autoridades de la Secretaría de Salud, la Cofepris y la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), resulta prioritario impulsar campañas de educación nutrimental que transparenten las diferencias entre un alimento biológicamente denso y una emulsión vegetal ultraprocesada. Asimismo, los industriales y ganaderos deben comunicar activamente las bondades funcionales de la leche pasteurizada como un paquete integral de nutrientes difícil de igualar. Los hallazgos científicos ratifican que respaldar la ingesta de leche genuina y proteger la producción lechera nacional son condiciones indispensables para salvaguardar la salud pública y consolidar la seguridad alimentaria en México.
Fuente: Infobae
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