Científicos queretanos desarrollan tecnología de economía circular para convertir un residuo contaminante en nutrición de alto valor.
El panorama de la sustentabilidad agroindustrial en México registra un avance científico de gran relevancia gracias a un proyecto de economía circular de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Científicos de esta casa de estudios han desarrollado tecnologías innovadoras para procesar y transformar el lactosuero, un subproducto líquido de la elaboración del queso que históricamente ha sido considerado un desecho difícil de gestionar. Tomando en cuenta que para producir un kilogramo de queso se generan nueve litros de suero, y ante un desecho global de 950 millones de toneladas anuales, esta iniciativa busca mitigar el fuerte impacto ambiental en los drenajes mexicanos y sustituir las costosas importaciones de aislados proteicos.
Para el productor lechero y los analistas de la economía láctea, la adopción de este esquema representa un reto tanto técnico como financiero debido a la falta de infraestructura local. La rectoría de la UAQ señala que la principal barrera para las queserías radica en el costo de los equipos de membrana para ultrafiltración, los cuales no se fabrican en México y deben importarse desde los Estados Unidos. Aunado a esto, la laxitud en la normativa ambiental mexicana no presiona el aprovechamiento del residuo, por lo que se requiere un acompañamiento gubernamental y de las cámaras del sector para demostrarle al ganadero que la inversión tecnológica se traduce en rentabilidad.
El éxito de este procesamiento comunitario depende de un estricto protocolo de inocuidad y asepsia inmediatamente después de la ordeña y el desuerado. Debido a su alta densidad de nutrientes, el lactosuero crudo es un caldo de cultivo ideal para bacterias ambientales que destruyen su valor biológico si no se refrigera de forma inmediata. El proceso exige separar rigurosamente las aguas de lavado del suero puro, permitiendo que la filtración concentre las proteínas globulares y la lactosa, dejando como único residuo final agua con minerales completamente inofensiva para el entorno de la unidad de producción.
En el núcleo biotecnológico del laboratorio, los investigadores queretanos implementaron la microencapsulación mediante la técnica de secado por aspersión para dar valor agregado al insumo. Utilizando las propias proteínas del suero lácteo como un escudo protector, los científicos logran encapsular microorganismos probióticos vivos para que sobrevivan en matrices alimentarias complejas. Bajo este rigor científico y tras superar exigentes pruebas de vida de anaquel sensorial, la universidad ha desarrollado un catálogo que incluye sustitutos de crema para café, helados y un yogurth bebible con propiedades antihipertensivas.
Finalmente, el gremio agroindustrial destaca que el verdadero reto de la máxima casa de estudios radica en agilizar los mecanismos de transferencia tecnológica hacia el sector privado. La articulación real de la “triple hélice” —universidad, empresa y gobierno— es la única vía previsible para que estos desarrollos salgan de la probeta y se integren a la cadena comercial. Optimizar el uso de los componentes lácteos no solo incrementa la eficiencia en el establo moderno, sino que abona de forma directa a la soberanía alimentaria mediante la manufactura inteligente de ingredientes funcionales de origen nacional.
Fuente: El Economista
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