Productores lecheros y queseros artesanales preservan una joya agroindustrial del siglo XVI con alto potencial comercial.
El mercado de la economía láctea y la manufactura artesanal en el estado de Zacatecas reafirman su valor estratégico a través de la producción del queso de Nochistlán. Este alimento emblemático, originario del sur de la entidad, combina siglos de historia, identidad cultural y técnicas tradicionales heredadas por generaciones de familias queseras. La actividad se ha consolidado como un motor de desarrollo económico local y un referente del patrimonio gastronómico en este Pueblo Mágico, atrayendo tanto a consumidores especializados como al turismo de nicho.
Las raíces de esta cuenca quesera se remontan al siglo XVI, época en la que la ganadería bovina y las primeras metodologías de procesamiento de fluidos se introdujeron en la región durante la Colonia. Con el paso del tiempo, el ganadero local adaptó estos conocimientos técnicos a las condiciones microclimáticas de la zona, logrando desarrollar variedades con atributos únicos de textura, aroma y palatabilidad. Sostener esta herencia cultural ha permitido que las pequeñas empresas rurales mantengan vigentes procesos tradicionales que compiten por su autenticidad en el mercado agroindustrial moderno.
Desde la perspectiva del manejo técnico, el éxito comercial de esta cadena agroalimentaria inicia en cada establo de la región con el riguroso acopio de materia prima de alta calidad sanitaria. El proceso de manufactura comunitaria se ejecuta mediante pautas secuenciales que contemplan el calentamiento controlado de la leche fresca, el cuajado, el moldeo, el prensado y el salado preciso de la masa. Dependiendo del mercado destino, el volumen físico se comercializa de forma inmediata como producto fresco o se somete a pautas de maduración en bodega para concentrar los sólidos totales.
La oferta del sector pecuario de Nochistlán destaca por su versatilidad en los canales de distribución, ofreciendo desde el tradicional queso fresco —altamente demandado por su suavidad en la cocina mexicana— hasta piezas curadas de sabor intenso y variantes adicionadas con chiles locales. Estos subproductos de la ordeña se desplazan eficientemente a través de queserías artesanales, mercados regionales y ferias gastronómicas que incentivan los circuitos cortos de comercialización. Para el productor lechero, diversificar la presentación del lácteo representa una vía indispensable para capturar mayor valor añadido en origen.
Finalmente, analistas y asesores técnicos del sector lácteo nacional coinciden en que vincular la tradición quesera con el agroturismo y los esquemas de asociacionismo privado es clave para elevar la rentabilidad en la unidad de producción. Promover rutas tecnológicas y gastronómicas no solo salvaguarda las costumbres de las familias del campo, sino que impulsa la competitividad frente a las imitaciones comerciales del anaquel. Asegurar la sustentabilidad de la cuenca de Nochistlán de manera regular permitirá blindar el arraigo rural, incentivar la mejora genética de los hatos y apuntalar la soberanía alimentaria del centro del país.
Fuente: El Momento Quintana Roo
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