Con 14 casos prioritarios presentados por el USTR a la presidenta Sheinbaum, el sector privado señala opacidad y una postura reactiva de la Secretaría de Economía.
La revisión del T-MEC y las presiones comerciales de Estados Unidos sitúan a México y Canadá ante un escenario de alta incertidumbre arancelaria y regulatoria. Mientras el gobierno canadiense encabezado por Mark Carney articuló una estrategia de respuesta con sus gobernadores provinciales tras las amenazas de nuevos aranceles del 50% por parte de Donald Trump, México enfrenta de forma paralela un paquete de exigencias estructurado en tres ejes: aranceles unilaterales, barreras no arancelarias (BNAs) y eventuales modificaciones al texto del tratado.
En el caso mexicano, las negociaciones sobre las barreras no arancelarias sufrieron estancamientos en las mesas técnicas y fueron escaladas por la representación comercial estadounidense (USTR) directamente ante la presidenta Claudia Sheinbaum. El embajador Jamieson Greer fijó 14 casos como prioritarios —enfocados en sectores estratégicos como minería, energía, telecomunicaciones y propiedad intelectual—, cuya resolución requerirá modificaciones legales que deberán ser procesadas y aprobadas por el Congreso de la Unión.
Frente a esta embestida diplomática y comercial, la Secretaría de Economía, encabezada por Marcelo Ebrard, ha asumido una postura caracterizada por la reacción. A diferencia de otros actores internacionales que han acudido a la OMC o han publicado defensas técnicas durante las audiencias del USTR sobre trabajo forzado y exceso de capacidad productiva, la representación mexicana ha evitado pronunciamientos públicos sobre su participación en dichos foros regulatorios en Washington.
Un aspecto crítico señalada por analistas es la falta de información oficial y la exclusión de las asociaciones industriales en la formulación de las estrategias de defensa. En contraste con la renegociación del TLCAN/T-MEC de 2018 —donde funcionó de manera coordinada el mecanismo del “cuarto de junto” con el sector privado—, la actual discrecionalidad genera especulación e impide construir una postura coordinada entre el gobierno y las cadenas productivas nacionales.
Aunque la meta planteada por el Ejecutivo federal busca obtener un trato arancelario favorable en comparación con otros países, especialistas advierten que los aranceles representan solo una de las múltiples variables en disputa. Para salvaguardar la competitividad de México en Norteamérica, resulta indispensable transparentar la agenda de negociación, integrar a los sectores productivos afectados y ajustar la estrategia diplomática más allá de la coyuntura de los gravámenes de importación.
Fuente: El Financiero
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