La Casa Blanca apela a la Sección 338 por fricciones en automoción, bebidas y contingentes lácteos, desafiando el marco preferencial del tratado regional.
El gobierno de los Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha firmado tres proclamaciones ejecutivas para aplicar un arancel adicional del 50% a diversas categorías de mercancías importadas desde Canadá. La medida representa una ruptura sin precedentes en la arquitectura de integración regional, ya que por primera vez bajo este mecanismo legal se alcanzará a productos que cumplen con los criterios de origen y calificación preferencial del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La disposición entrará en vigor en un plazo de 30 días, elevando la incertidumbre en las cadenas de valor de América del Norte.
Para sostener jurídicamente esta represalia, Washington recurrió a la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una herramienta de política comercial poco utilizada que faculta al Ejecutivo estadounidense a imponer gravámenes punitivos cuando determina que un socio comercial discrimina las exportaciones de EE. UU. El alcance del nuevo régimen arancelario comprende bienes manufacturados, artículos deportivos, materiales de construcción y bebidas alcohólicas. Sin embargo, la Casa Blanca exentó de manera estratégica a insumos clave como los recursos energéticos, la potasa, los minerales críticos y los productos cubiertos por la Sección 232.
Entre los detonantes centrales de la disputa destaca el añejo litigio por la administración de las cuotas de importación y contingentes arancelarios (TRQs) del sector lácteo canadiense. La administración estadounidense acusa a Ottawa de mantener un esquema de distribución de cuotas lácteas discriminatorio que favorece las corrientes de comercio provenientes de la Unión Europea en detrimento de los procesadores norteamericanos. A esto se suman los reclamos por las regulaciones al sector automotriz y el retiro de bebidas alcohólicas estadounidenses de los canales estatales de distribución minorista en diversas provincias canadienses.
De acuerdo con las cifras oficiales difundidas por la Casa Blanca, la política comercial canadiense provocó una contracción del 22% en las exportaciones automotrices de EE. UU. hacia ese país entre abril de 2025 y marzo de 2026, así como un desplome del 81% en los envíos de bebidas alcohólicas. El representante comercial de Estados Unidos (USTR), Jamieson Greer, justificó la imposición del gravamen sosteniendo que la medida busca contrarrestar las represalias de Ottawa y restablecer condiciones de competencia equitativas para los fabricantes, ganaderos y agricultores estadounidenses.
Esta abrupta escalada de proteccionismo bilateral contamina el clima de negocios regional en la antesala del proceso de revisión formal del T-MEC. Al vulnerar las preferencias arancelarias pactadas para bienes calificados, EE. UU. fija un severo antecedente sobre la estabilidad del marco normativo trilateral, obligando a México y a los actores agroindustriales de la región a reevaluar los riesgos de arbitraje y disrupción en los flujos transfronterizos. El Desenlace de esta controversia condicionará la dinámica comercial en Norteamérica durante los próximos ciclos económicos.
Fuente: Reporte Índigo
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