En el Valle de Tulancingo impulsan transformar el lactosuero en alimentos nutritivos y reducir el severo impacto ambiental quesero.
En el marco del Segundo Seminario sobre Tecnología de la Leche celebrado en el Instituto de Ciencias Agropecuarias de Tulancingo, Hidalgo, especialistas e investigadores agroindustriales expusieron estrategias biotecnológicas para revalorizar el lactosuero y erradicar su descarte como desecho contaminante. La ponencia magistral encabezada por el investigador Gilbert Vela Gutiérrez, de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, demostró que este subproducto líquido contiene alrededor del 50% de los nutrientes totales de la leche original, reteniendo cerca del 1% de proteína sérica de altísima biodisponibilidad, además de lactosa, calcio y vitaminas hidrosolubles. El proyecto científico logró desarrollar papillas deshidratadas para asistencia nutricional infantil, bebidas energéticas, fermentados probióticos, galletas y formulaciones de heladería a partir de suero dulce y ácido. Este avance técnico busca transformar un residuo agroindustrial en un alimento funcional de bajo costo, mitigando los cuadros de desnutrición en comunidades vulnerables del país.
En los obradores queseros de las cuencas lecheras de Hidalgo, como Acatlán y el Valle de Tulancingo, la transformación de leche fluida genera volúmenes masivos de este fluido amarillento que tradicionalmente se vierten al drenaje o al suelo. La métrica técnica estandarizada indica que para elaborar un kilogramo de queso fresco o madurado se requieren diez litros de leche cruda, generándose entre 8.5 y 9.5 litros de lactosuero residual. Si este líquido no se somete de inmediato a pasteurización estandarizada y enfriamiento a cuatro grados centígrados en tanques termos, la proliferación de bacterias lácticas acelera su descomposición y genera malos olores en las salas de proceso. Además, el vertido descontrolado de lactosuero en arroyos y suelos agrícolas provoca un colapso ecológico severo al consumir el oxígeno disuelto en los cuerpos de agua, destruir la microflora edáfica e incentivar la proliferación de mosquitos vectores de enfermedades como dengue y chikungunya.
Desde la perspectiva del comercio agroalimentario y el mercado de ingredientes, en México únicamente el 30% del lactosuero generado por las plantas queseras se aprovecha en formulaciones secundarias o secado industrial. La gran mayoría de las queserías en el altiplano central operan bajo esquemas artesanales o semiextensivos, careciendo de torres de deshidratación por aspersión o filtros de nanofiltración para concentrar los sólidos útiles a pie de fábrica. Esta carencia tecnológica orilla a las industrias formales de alimentos a importar miles de toneladas de suero de leche en polvo y concentrados proteicos desde Estados Unidos y la Unión Europea para formular embutidos, panes y bebidas lácteas. Mientras las queserías locales desechan materia prima valiosa por falta de infraestructura de secado, los pasillos de supermercados se saturan de sucedáneos comerciales elaborados con sueros foráneos y grasas vegetales que compiten deslealmente contra los lácteos genuinos de vaca.
La pérdida económica que representa el desperdicio del lactosuero compromete severamente la rentabilidad de las micro, pequeñas y medianas empresas queseras y de los establos que las abastecen. Tirar el suero equivale financieramente a desperdiciar la mitad de la inversión en leche cruda pagada en corral, en un contexto donde los costos de producción ganadera absorben más del 70% del valor de cada litro extraído. La instalación de módulos de ultrafiltración y deshidratación colectiva permitiría a los procesadores generar subproductos con alta demanda comercial, creando una fuente adicional de ingresos para amortizar el encarecimiento de gas LP, cultivos lácticos y energía eléctrica. Asimismo, la revalorización técnica del suero fortalece el flujo de caja en los centros de acopio y queserías, permitiéndoles ofrecer mejores bonificaciones por calidad bacteriológica y sólidos totales a los establos familiares proveedores de la región.
El aprovechamiento integral del lactosuero demandará una articulación regulatoria urgente entre la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, los gobiernos estatales y las facultades de ciencias agropecuarias para crear normativas específicas de aprovechamiento obligatorio. Resulta indispensable facilitar esquemas de financiamiento blando y subsidios a cooperativas queseras para adquirir tecnología de concentración de sólidos y secado por aspersión a escala comunitaria. De igual manera, incorporar estas papillas y formulaciones fortificadas a base de suero en los programas públicos de desayunos escolares garantizaría un mercado formal seguro para los transformadores locales. Tratar al lactosuero como un coproducto nutritivo y no como un residuo peligroso ratifica que la innovación tecnológica y la economía circular son herramientas fundamentales para reducir el impacto ambiental, rescatar la rentabilidad lechera y fortalecer la seguridad alimentaria en México.
Fuente: El Sol de Tulancingo
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