Especialistas detallan la alta demanda energética, los requerimientos de hidratación y las pautas de bienestar necesarias para mantener la salud mamaria y corporal del hato.
La producción diaria de entre 30 y más de 50 litros de leche en vacas de alta especialización lechera constituye uno de los procesos fisiológicos y metabólicos más exigentes del reino animal. Para sintetizar un solo litro de leche, el sistema circulatorio bovino debe bombear entre 400 y 500 litros de sangre a través de la glándula mamaria, lo que implica un gasto continuo de glucosa, aminoácidos, lípidos y minerales que demanda protocolos estrictos de recuperación y monitoreo zootécnico en las unidades de producción.
Inmediatamente después del ordeño, la ubre atraviesa un periodo crítico de vulnerabilidad sanitaria debido a que el esfínter del pezón permanece abierto entre 30 y 45 minutos. Para prevenir el ingreso de patógenos ambientales que desencadenen mastitis, las mejores prácticas de manejo contemplan la desinfección mediante selladores de barrera y el suministro inmediato de alimento fresco en comederos, incentivando que las vacas permanezcan de pie mientras se produce el cierre natural del canal del pezón.
La reposición hídrica y el descanso constituyen los siguientes pilares clave en la rutina posterior al ordeño. Un ejemplar de alta producción puede consumir diariamente entre 100 y 150 litros de agua fresca y limpia, indispensable para reponer los fluidos destinados a la secreción láctea. Asimismo, los animales requieren entre 10 y 14 horas de descanso diario echados en camas limpias y secas; esta posición de decúbito incrementa el flujo sanguíneo hacia la ubre hasta en un 30% y optimiza el proceso de rumia.
En el plano nutricional, el desafío radica en evitar el balance energético negativo (BEN) y trastornos metabólicos recurrentes como la cetosis, la acidosis ruminal subaguda (SARA) y la hipocalcemia posparto. Las explotaciones lecheras implementan dietas integrales (TMR) balanceadas en fibra efectiva, energía y proteína de alta digestibilidad, ajustando las raciones para sustentar la persistencia de la curva de lactancia sin comprometer la condición corporal ni la fertilidad del animal en ciclos posteriores.
El entendimiento integral de la fisiología bovina ha transformado los esquemas de producción lechera moderna, transitando hacia un enfoque centrado en el confort y el bienestar animal. Proporcionar instalaciones con ventilación adecuada, sombras, pisos antiderrapantes y una nutrición de precisión no solo responde a criterios éticos y sanitarios, sino que representa la base técnica para prolongar la vida productiva de los hatos y asegurar la rentabilidad de las empresas lecheras.
Fuente: El Heraldo de Chiapas
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