Los altos costos de los insumos y la desaceleración productiva global presionarán la rentabilidad de las unidades de producción.
El más reciente informe trimestral de Rabobank, correspondiente al segundo trimestre de 2026, encendió las alarmas en el mercado internacional al advertir sobre una inminente desaceleración en la producción mundial de leche. Tras cuatro trimestres consecutivos de una sólida expansión superior al 2% en los principales países exportadores, la oferta global comienza a estabilizarse. Los analistas proyectan que el crecimiento para el cierre de este año apenas alcanzará el 1%, abriendo paso a un complejo reequilibrio de las existencias para el próximo ciclo comercial.
Este cambio en el volumen de oferta ha provocado un comportamiento dispar en las cotizaciones internacionales de la plataforma de subastas. Mientras que el queso y la grasa butírica han mostrado cotizaciones más débiles debido a la existencia de inventarios suficientes en los principales centros de consumo, el índice global de precios ha encontrado un soporte temporal gracias al dinamismo de la leche en polvo, tanto entera como descremada. Esta volatilidad comercial impacta de forma directa las fórmulas de pago y las proyecciones de ingresos para el sector primario a escala global.
Para el productor lechero y los analistas del sector en México, el foco de atención más urgente se desplaza hacia la estructura de costos operativos. De acuerdo con el reporte de la entidad financiera, factores transversales como los precios de la energía, las tasas de interés y los fertilizantes amenazan con reducir drásticamente los márgenes de ganancia durante la segunda mitad del año. Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y las disrupciones en las rutas marítimas clave añaden un componente de incertidumbre que encarece de forma indirecta el petróleo y los ingredientes esenciales para la alimentación animal.
Ante este adverso panorama macroeconómico, los médicos veterinarios, zootecnistas y asesores técnicos de las cuencas nacionales insisten en blindar la eficiencia dentro de cada establo. Optimizar la conversión alimenticia en el comedero y mantener la regularidad de las curvas de lactancia resulta imperativo para enfrentar la volatilidad de precios de los insumos importados. La viabilidad financiera de las empresas ganaderas mexicanas dependerá de su capacidad para contener los costos fijos por cada litro obtenido en la sala de ordeña.
Finalmente, Rabobank destaca que el comportamiento del consumidor será determinante, ya que la inflación en los alimentos modificará de forma persistente los hábitos de compra. Sin embargo, el denominado “halo proteico” —la excelente percepción nutricional que posee la proteína láctea por su alta biodisponibilidad— continuará actuando como un sólido motor para sostener la demanda de quesos, yogures y fluidos premium. La cadena agroindustrial deberá capitalizar esta ventaja biológica insustituible para defender su valor en el anaquel y mitigar los riesgos del mercado agropecuario.
Fuente: Todo El Campo
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