Ganaderos locales reportan graves pérdidas patrimoniales y exigen una investigación ambiental y toxicológica urgente ante presuntas descargas de aguas residuales e industriales.
Un grave incidente sanitario y ambiental se registró en el municipio de Santiago Tianguistenco, Estado de México, donde se confirmó la muerte de al menos 30 cabezas de ganado bovino tras haber consumido agua presuntamente contaminada de lagunas y cuerpos de agua locales. Los animales, pertenecientes a productores de la zona que pastoreaban en las inmediaciones de estos embalses, presentaron cuadros agudos de intoxicación fulminante que provocaron su deceso en un corto periodo de tiempo.
La mortandad generó una profunda alarma y un severo impacto económico para las familias ganaderas afectadas, quienes dependen directamente de la comercialización diaria de leche y carne para su subsistencia. Los productores señalaron que la pérdida simultánea de decenas de vientres y animales en producción representa un golpe financiero devastador, difícil de absorber sin esquemas de compensación económica o apoyos de emergencia por contingencias pecuarias.
Vecinos y líderes comunitarios atribuyeron la contaminación de los cuerpos de agua al vertimiento clandestino de descargas residuales de origen industrial y urbano, una problemática recurrente en diversos afluentes y humedales vinculados a la cuenca alta del río Lerma. La presencia de sustancias químicas, metales pesados o contaminantes orgánicos en concentraciones letales convierte a estos abrevaderos naturales en focos de alto riesgo para la fauna doméstica y la salud de los ecosistemas circundantes.
Ante la gravedad del evento, los ganaderos exigieron la intervención inmediata de autoridades ambientales y sanitarias de los tres órdenes de gobierno —incluyendo a la Conagua, la Profepa, dependencias de medio ambiente estatal y autoridades de sanidad animal— para levantar muestras de agua y realizar necropsias toxicológicas que identifiquen el agente causal de la muerte del ganado. Asimismo, demandaron la clausura de descargas contaminantes ilegales y la delimitación de zonas seguras de pastoreo para evitar más bajas en los hatos.
Este siniestro pone de manifiesto la creciente vulnerabilidad que enfrentan las unidades pecuarias situadas en zonas periurbanas e industriales del Estado de México frente al deterioro de las fuentes hídricas. Además del impacto directo en la producción láctea y cárnica local, el caso resalta la urgencia de fortalecer la vigilancia ambiental y garantizar infraestructura de agua limpia para asegurar la inocuidad agroalimentaria y la viabilidad de la ganadería en la entidad.
Fuente: Meganoticias
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