La imposición de topes a productores lecheros y adeudos en programas de abasto social asfixian la liquidez de los hatos nacionales.
Organizaciones ganaderas de diversas entidades federativas elevaron un reclamo formal ante las autoridades federales frente al establecimiento de límites presupuestarios y severos retrasos en la dispersión de liquidaciones dentro de los esquemas públicos de abasto social. Los representantes del gremio advirtieron que la fijación de techos máximos de compra a los establos medianos y grandes proveedores distorsiona los convenios de entrega formalmente pactados para el presente ciclo productivo. A este freno administrativo se añade la acumulación de pasivos que superan cientos de millones de pesos por producto recibido y no liquidado, comprometiendo de manera directa el capital de trabajo de los corrales. La asfixia financiera pone en riesgo la viabilidad de pequeñas y medianas explotaciones que dependen de la colocación regular de leche fluida bajo el esquema de precio de garantía de 11.50 pesos por litro. Ante la falta de respuestas institucionales claras, los ganaderos alertaron que la parálisis en las transferencias bancarias amenaza con provocar el cierre forzado de establos en las principales cuencas del país.
Las restricciones de compra aplicadas en los centros receptores del sector público han impactado con fuerza la infraestructura logística de almacenamiento térmico en las regiones ganaderas del norte, occidente y centro de México. En los establos lecheros, los tanques de refrigeración rápida están dimensionados para resguardar la leche cruda a cuatro grados centígrados durante lapsos que no superan las 48 a 72 horas de producción acumulada. Dado que la fisiología bovina exige mantener rutinas ininterrumpidas de ordeño dos veces al día para evitar inflamaciones graves de ubre y pérdidas irreversibles de lactancia, el flujo de producto no puede detenerse a pie de corral. El rechazo de volúmenes en las plataformas de acopio genera cuellos de botella inmediatos que saturan la capacidad instalada de frío en las granjas familiares. Esta sobreacumulación forzada eleva drásticamente el riesgo de descomposición bacteriológica de miles de litros de alimento fresco, orillando a los productores a contemplar el vaciado de tanques en fosas de descarte.
El desplazamiento de excedentes fuera del circuito institucional genera una severa distorsión comercial en los mercados regionales al inundar los canales secundarios de venta con leche sin procesar. Al verse impedidos de entregar la totalidad de sus ordeñas en las básculas oficiales, los ganaderos se ven forzados a recurrir a intermediarios locales y talleres queseros artesanales que imponen condiciones asimétricas de compra. En estas operaciones de emergencia, los compradores privados aplican severos castigos tarifarios, pagando precios de entre 7.00 y 8.50 pesos por litro, cotizaciones que se ubican muy por debajo de los costos indispensables de extracción. De manera paralela, la comercialización extendida de fórmulas lácteas combinadas y productos sucedáneos elaborados a base de sueros deshidratados y grasas vegetales compite deslealmente en los anaqueles urbanos, restando mercado a la leche genuina de vaca. La pérdida de este contrapeso regulador deja a las unidades familiares desprotegidas ante la especulación de compradores informales que aprovechan la falta de liquidez en el campo.
La estructura económica de las unidades pecuarias enfrenta una presión insostenible provocada por el encarecimiento estructural de los forrajes henificados, ensilados de maíz y concentrados energéticos. El rubro de alimentación del ganado absorbe actualmente entre el 68% y el 72% del presupuesto operativo total por cada litro extraído en corral, encarecido por el impacto de sequías recurrentes en los agostaderos y praderas bajo riego. Sin el cobro oportuno de las liquidaciones semanales, los productores agotan con rapidez sus fondos de maniobra y pierden el crédito comercial con distribuidores de insumos agrícolas y fármacos veterinarios. Al carecer de instrumentos de crédito puente y fondos de contingencia en la banca de desarrollo agropecuario, los corrales carecen de amortiguadores para financiar el alimento del hato. Este estrangulamiento económico ha comenzado a detonar la venta prematura de vientres fértiles de alta pureza genética en subastas de carne para saldar deudas inmediatas de operación.
La recuperación del sector lechero demanda que las dependencias responsables del abasto social abran de inmediato mesas técnicas de concertación para destrabar los pagos vencidos y revisar las reglas de operación vigentes. Los dirigentes pecuarios enfatizan que limitar las adquisiciones nacionales y asfixiar a los establos domésticos contradice los lineamientos de soberanía alimentaria promovidos por el Estado mexicano. Resulta imperativo restablecer calendarios transparentes de recepción y transferencias bancarias semanales que brinden certidumbre comercial tanto a los hatos familiares como a las unidades medianas tecnificadas. La continuidad productiva en las cuencas rurales dependerá de que las compras públicas reconozcan la estructura real de costos del productor y eviten recortes unilaterales a mitad de ciclo. Preservar la viabilidad de los establos lecheros nacionales constituye una condición indispensable para sostener el empleo en el medio rural y asegurar el suministro de leche sana y genuina para las familias mexicanas.
Fuente: La Verdad de Tamaulipas
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